Hablamos con Nour Al-Hussen sobre ‘Más allá de todo’

Publicado por el 06/11/2019

 

Nour Al-Hussen es la autora de ‘Más allá de todo‘. Un fanzine diferente a los demás, en el que podemos leer cuatro pequeños relatos cargados de emoción sobre cómo han vivido –y viven– diferentes personas durante el conflicto en Siria. Además, ha contado con la colaboración de amigas y personas que la han apoyado durante mucho tiempo y que ha querido que formen parte del proyecto.

Aparte de ser un nuevo testimonio y abrir otro punto de vista sobre el conflicto, Nour hace que nos metamos, con pocas palabras, en la vida de esas personas. Haciendo que nos sintamos un poco más cerca de ellos a pesar de la distancia real y la distancia que aumenta con la desinformación.

Conozco a Nour desde hace más años de lo que imaginaba. La conozco de la universidad, de cruzarnos por los pasillos de la facultad, de la biblioteca y de camino a los bares de Santiago de Compostela. La conozco por ser amiga de mis amigos y de juntar diferentes grupos para pasar un buen rato mientras bailábamos indie. Lo que más me gusta de ella es que se ha convertido en toda una activista y una voz necesaria que hace que aprendamos un poco más sobre el conflicto de Siria, y que también nos hace pensar, sobre todo pensar.

 

 

Nour, cuéntanos un poco sobre tus raíces y cómo es crecer con un pie en un sitio y otro en otro.

Mi padre es originario de Al Raqqa (Siria), pero estudió medicina en Santiago. Allí conoció a mi madre, que es compostelana. Se casaron y tuvieron a mis dos hermanas y a mi hermano. Años después, se mudaron a Raqqa, donde nací yo. Pasé mi infancia entre Al Raqqa y Santiago. Durante el invierno estábamos en Siria, y veníamos a pasar los veranos a Galicia para ver a mi familia materna.

Sin duda, crecer entre dos culturas ha influido en mi manera de ser y de ver el mundo, a procesar situaciones complicadas, a tener una mente abierta y, sobre todo, a analizar las cosas con perspectiva. Esa es la mejor parte. Pero hay otra parte “más oscura”, por decirlo de alguna manera. Me considero siria y gallega a partes iguales, y eso a veces no es fácil que lo entienda el resto, y me ha resultado más difícil desde los 13 que vine a vivir de forma definitiva en Santiago. A pesar de haberme criado en la Siria profunda de los noventa, crecí en un ambiente multicultural y pude enriquecerme de muchas personas de diferentes etnias, culturas y religiones que ahora, con el tiempo, veo que me han marcado mucho más de lo que pensaba. Para mí, el hecho de tener padres de diferentes orígenes no era nada raro, puesto que mi madre formaba parte de una comunidad de mujeres que se habían trasladado de diferentes países a Siria. Eran cubanas, checas, rusas, rumanas, húngaras, polacas, circasianas… Yo jugaba con sus hijos e hijas y compartimos muchas vivencias, teníamos “la misma condición”. Socialmente, a pesar de tener la doble nacionalidad desde que nací, yo era considerada siria y punto, porque mi padre era sirio y no importaba de donde fuera mi madre.

Cuando me mudé a Santiago, fue un cambio que inicialmente abracé con mucha ilusión y como una aventura. Era una niña extremadamente extrovertida, y ahora me doy cuenta que también muy fuerte. Miro atrás y pienso “cómo pude aguantar ese proceso, porque ahora mismo no podría”. Imagino que, cuando somos pequeños, tenemos esa capacidad de pensar “yo puedo”. O puede que, debido a lo mal que lo estás pasando, decides eliminarlo de tu mente y obviarlo, y pensar que todo está OK. Desde el minuto uno fui señalada como una extraña, y mi sentimiento de no pertenecer a ningún lugar se hizo más fuerte a partir de ahí, y sinceramente, he empezado a ser consciente de que me marcó para siempre. Por supuesto, ni hablar de todas las burlas y vejaciones que tuve que aguantar por ser “mora” y por tener “apellido de terrorista”. No lo cuento en plan drama, pero ahora visto con perspectiva fue duro, y es horrible que lxs niñxs que vienen de fuera tengan que enfrentarse a eso. Es síntoma de que existe un problema estructural muy grande, más allá de que “los niños a esas edades son un trasto y hacen bobadas, siempre buscan a una víctima”. No era capaz de contarlo en casa, simplemente me esforzaba en ser “una más”. Tuve muy buenos profesorxs que me apoyaron mucho, eso sí. Lxs niñxs pueden ser muy crueles, sí, pero en eso se centra mi próximo proyecto personal… Así que, si quieres, hablamos de ello en otra ocasión mejor.

 

 

Antes de lanzarte a escribir ‘Más allá de todo’ sabemos que participaste en diferentes revistas y también que tenías tu propio blog en el que escribías recuerdos de tu infancia y hablabas de tu día a día. ¿Cómo surgió y cómo decidiste canalizar las ganas y la necesidad de contar tu historia?

¡Sí! Soy politóloga, pero la comunicación también ha sido siempre mi gran pasión, y siempre he intentado mantener un equilibrio entre una parte de mí más creativa y otra más analítica. He colaborado en revistas, en programas de radio, y aunque no me guste decirlo en un principio ‘A la otra orilla del Éufrates‘ fue una terapia. Me explico: cuando empezaron las protestas en Siria tardé en procesarlo, pero cuando empezó la represión directamente me bloqueé, tuve mucho miedo… Miedo de que le pasara algo a los míos que permanecían allí, miedo de no poder volver nunca a mi otra casa, mucho miedo. Ese proceso me generó mucho conflicto a nivel personal, y también social. Mucha gente no comprendió por qué actuaba de esa forma, pero mi bloqueo también afectó a mi capacidad expresiva.

De esta manera, en el blog podemos distinguir claramente dos etapas. La primera, ante el bloqueo generalizado y el miedo de no volver, quise congelar mis recuerdos de alguna manera, pero no porque pensara que mi vida fuera interesante, sino como un ejercicio personal. Podía haber empezado un diario y guardarlo en la mesilla de noche, pero hacerlo público era un reto personal, una especie de ajuste de cuentas con el pasado y con el proceso de asimilación que me había obligado a veces a olvidar quién era. Empecé a escribir sobre mi infancia en Siria, cómo había sido crecer bajo la dictadura de Asad, escribí sobre mi familia, contaba historias que incluían a mi casa, los amigos opositores de mi padre. Recreaba el proceso por el que había sido consciente de que vivía en una dictadura, al mismo tiempo que estaba asimilando que ese país estaba en guerra, y que era posible no volver a él. Todas esas cosas conforman quien soy hoy a día de hoy. La guerra se intensificó, y yo cogí fuerzas para seguir escribiendo. Empieza así una segunda etapa en el blog mucho más analítica y también activista. Empecé a traducir textos de activistas de mi ciudad, a denunciar situaciones de violaciones de derechos humanos, a contar historias personales de quien había conseguido cruzar el Mediterráneo con vida, a analizar y a cuestionar la visión generalizada sobre el conflicto sirio. Fue un cambio muy grande. A pesar de que el blog no sigue en activo, fue un punto de inflexión para mí, y el comienzo de algo nuevo. Al mismo tiempo que lo escribía, me especialicé en relaciones internacionales y comencé a trabajar con varias organizaciones y medios. A día de hoy, estoy realizando mi tesis doctoral sobre la gestión local en el conflicto de Siria.

 

 

Todo lo recaudado con el fanzine ha sido donado a Women for development, una ONG que ayuda a que las mujeres sirias sean protagonistas de la construcción de un nuevo país, como tú bien dices, pacífico, justo y democrático. El papel de las mujeres en tus historias es clave. ¿Cómo es la vida de las mujeres durante el conflicto? ¿Qué se podría hacer para que todo lo que hacen por su familia y las personas que las rodean fuese reconocido por todos?

Sí, todavía voy a mantener abierta la posibilidad de realizar una donación hasta final de año. El fanzine no tiene ningún precio marcado, así lo he decidido en esta primera fase. La gente da lo que quiere/puede/considera oportuno. Con una pequeñísima cantidad de esa dinero cubro los gastos de impresión, y el resto lo computo como un donativo que realizaré a Women Now. También es importante que haga mención a la ayuda desinteresada que he recibido de amigas creativas e inquietas; Alejandra Blanco realizó las ilustraciones, Kika Ramil maquetó la publicación y el colectivo Maruxa Fixoo Primeiro me organizó una presentación muy especial en el Hotel Apartamentos Blanco, en la que me acompañó Carmen Valina, directora de Periféricas. Desde aquí quiero darles las gracias de nuevo. Sin ser la intención principal, hemos tendido un puente muy fuerte entre el Atlántico y el Mediterráneo.

Considero que es importante que se dé a conocer la labor de organizaciones sirias sobre el terreno, y no sólo eso, sino también que se les apoye. Parece que nos quedamos con el mensaje de que ahora en Siria solo existen organizaciones occidentales ayudando, y no es así. Hay muchísimos colectivos, organizaciones de sociedad civil o grassroots que han emergido en el marco del conflicto, y que son liderados por activistas y mujeres sirias. Ellos, mejor que nadie, conocen las condiciones socio-culturales y políticas del contexto sirio y merecen muchísimo apoyo. Durante el conflicto sirio la mujer ha desempeñado diversos roles. Por supuesto, como el resto de conflictos, las mujeres han supuesto uno de los principales blancos de la opresión y la violencia por parte de todos los bandos, especialmente del régimen y de los grupos yihadistas. Lo primero que se nos viene a la mente cuando hablamos de una mujer en medio de la guerra es que es víctima de tortura, de violencia y de violación. El propio cuerpo de la mujer es instrumentalizado en medio de la guerra con un objetivo claro: la estigmatización. Sobre todo si hablamos de un país con una sociedad patriarcal y en el que la honra o deshonra de la familia es responsabilidad de las acciones (voluntarias o no) de las mujeres. Esa es la dimensión más visible de la mujer como víctima, la más obvia. Pero también existe el matrimonio concertado, el matrimonio infantil y la prostitución como vías para conseguir recursos. Esto no sólo se da dentro de las fronteras sirias, sino también fuera de ellas cuando las mujeres se convierten en refugiadas. Sin embargo, no podemos verlas únicamente como meras víctimas, ya que han sido un actor muy activo tanto en la revolución como en el conflicto. Han organizado manifestaciones y las han liderado, han fundado y coordinado organizaciones y comunidades de base, e incluso han tomado las armas. En definitiva, han asumido roles que quizás, si el conflicto no estallara, no habría sido posible que hicieran algo similar, por eso el conflicto se convierte paradójicamente en una oportunidad. En general, la revolución ha supuesto dar un paso adelante y romper con todas las formas de opresión establecidas hasta el momento, primero políticas y después socioculturales: sin duda, son un motor de cambio.

En los relatos quise transmitir esa parte solidaria y activa en su día a día. A pesar de tener testimonios que retrataban de manera más obvia ese rol luchador, quise hacerlo desde la sutileza, como homenaje a todas aquellas mujeres invisibles que, con pequeñas acciones del día a día, buscaban hacerle más fácil la vida a su comunidad en medio de unas condiciones extremas. Tenemos a una mujer apaciguadora que es capaz de mantenerse firme en medio del caos y el Apocalipsis cuando Daesh parece intentar tender una trampa a la población. Tenemos a una matriarca que organiza a sus vecinos y acoge a un nuevo miembro a la familia, aquí podemos ver la rabia contenida y la humanidad en replantearse si todo (es decir, sus demandas de libertades en el 2011) ha merecido la pena en una mujer que pasea por las calles destruidas. También decidí incluir el relato que representa a la mujer como víctima, la que es detenida por la patrulla del Daesh. Curiosamente, es el que más impacta y el que menos decidida estaba a publicar. Lo hice con intención de contextualizar la situación que vivía Raqqa en esos momentos. Pero repito, la mujer no sólo ha sido víctima y lucha contra Daesh, sino también contra el régimen y cualquier forma opresiva que limite sus libertades, ya sean políticas, sociales, religiosas, culturales o sexuales. Se trata de una lucha multidimensional y compleja que, desgraciadamente, es invisibilizada.

 

 

Queda mucho por hacer, sobre todo mucho que conocer y a lo que abrir los ojos para que todas estas personas puedan volver a su vida cotidiana, ¿cuáles son los siguientes pasos a seguir y cuál será tu papel dentro de este camino a seguir?

Sobre cuáles son los pasos para la estabilización… creo que es una pregunta que requiere de un análisis extenso. Lamentablemente, la actual situación en Siria no parecer ser alentadora. Con la permanencia de Asad en el poder las reglas no cambiarán. Aunque la gente y, en especial las mujeres, sí han cambiado. Muchas se resignarán a volver, y no se les puede culpar por ello; lo hacen por necesidad o porque no pueden sostener más su situación como refugiadas en países vecinos. Hay quien no quiere volver, ni tampoco puede por su activismo y militancia. Primero y ante todo, los actores implicados deberían de asegurar la protección de la mujer y también su apoyo y defensa a sus derechos, pero no te voy a engañar; el panorama es desolador (solo hay que ver el resultado del conflicto durante estos años y la ineficacia en la acción sobre el terreno es un hecho). En lo que nos toca a nosotros, hay un punto importante, y es la cantidad de mujeres refugiadas que existen en países europeos. Hay que desprendernos de nuestra situación de privilegio, actuar sin preconcepciones, ni estereotipos, ni orientalismo. Hay que redoblar esfuerzos apoyar a estas mujeres en sus proyectos y acciones, también hay que trabajar por su inclusión y en mantener el rol activo que han adquirido porque es una oportunidad única, tanto para los países de acogida, de tener a mujeres con experiencias muy diferentes y una serie de valores imprescindibles, como también una oportunidad para que, si algún día existe una Siria democrática, puedan volver con todas las fuerzas, recuperadas y más preparadas todavía. Es un trabajo a largo plazo, pero los beneficios son múltiples y mutuos. La sociedades de acogida se enriquecen, y también se trabaja a largo plazo en la estabilización y democratización de un país cuyas dinámicas de guerra han tenido consecuencias globales.

 

Para acabar nos gustaría saber qué futuro le espera a ‘Más allá de todo‘.

No tengo una hoja de ruta clara, pero imagino que seguiré haciendo lo que me gusta: analizar, recopilar testimonios y, por supuesto, seguir admirando a mis compatriotas; contar sus historias, denunciar los abusos que sufren, celebrar sus triunfos y seguir aprendiendo de ellos.

Se han vendido y distribuido en las primeras y pequeñas tandas cerca de 300 ejemplares. Muchos de ellos dados en mano, enviados a colectivos, vendidos en la presentación, en el festival Fun Fun Fun, enviado por correos y vendidos por ahora en Numax. Poco a poco se irá presentando en varios lugares, y la impresión de ejemplares continúa. Siendo un proyecto pequeñísimo, estoy sorprendida de cómo funciona el boca a boca, y muchas personas que no me conocen han contactado conmigo para conseguir un ejemplar. También ha sido una oportunidad para hacer nuevas amistades con intereses en común, que quién sabe con quién realizar algún proyecto conjunto en el futuro.

 

Fotografía: Isaura Docampo
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