Hablamos con María Elena Pombo sobre Fragmentario, su viaje a Japón y el espacio Yamamoto-Seika

Publicado por el 05/09/2019

 

Hace unos meses os presentábamos a María Elena Pombo y a su proyecto Fragmentario, en el cual se embarcó tras estudiar diseño de moda en la Parsons School of Design y haber trabajado para varios diseñadores en NY,  centrado en la exploración de tintes naturales obtenidas de semillas de aguacate. Después de su segunda colección “Rosa Terráqueo”, María Elena decide viajar a Japón. Sus esenciales: aguacates y agua de diferentes países. Yamamoto-Seika, una antigua fábrica de galletas de arroz, le sirvió como espacio para presentar Fragmentario a la gente de Osaka. También hubo música y arepas para todos.

 

Empecemos hablando de Fragmentario y el imaginario que lo rodea, ¡nos parece muy especial! ¿Tienes alguna referencia artística o personal que sea la culpable de esto? ¿O quizá algún momento concreto que fuera importante para ti en todo el proceso de evolución de Fragmentario?

Soy simultáneamente muy racional y cero racional: estudié ingeniería y luego trabajé en la industria de la moda, para finalmente terminar con esta línea de trabajo difícil de definir. Lo suficientemente racional como para entender conceptos científicos, pero lo suficientemente irracional como para dejar una vida con seguridad financiera para lanzarme al vacío, en más de una ocasión. Siento también que hay mucha poesía en la cotidianidad y soy una persona muy introspectiva, entonces trato de crear mis propios imaginarios con elementos y procesos que forman parte de mi trabajo. Siempre he sido así. Uno de mis juegos preferidos de pequeña era usar crayones casi como si fueran muñecas. Era más divertido porque había menos limitantes.

Busco un poco crear un mundo paralelo pero que exista en el contexto de nuestra realidad. En el caso de Rosa Terráqueo, por ejemplo, están las bases racionales: distintas personas alrededor del mundo me mandan muestras de agua de su entorno, la cual uso para extraer color de semillas de aguacates que me dan restaurantes en Nueva York. Todo eso es cierto, objetivo. Pero las historias subjetivas que esconden esas realidades me parecen súper interesantes de explorar también: ¿sería posible este proyecto sin diáspora venezolana?, ¿por qué trabajar una y otra vez con aguacates?, ¿qué implica trabajar con “basura”?, etc.

Una inspiración en la que confío mucho es en la naturaleza. Ella tiene muy bien gusto y sistemas muy eficientes que valen la pena intentar entender. Artistas cuyo trabajo me genera emociones fuertes: Yeni & Nan, Margot Benacerraf, Karel Kachyňa, Věra Chytilová, Gabriel García Márquez, Miguel de Cervantes. Todos han creado sus propios mundos con sus reglas y estructuras únicas e irrepetibles.

 

¿Cómo crees que ha ido evolucionando Fragmentario hasta llegar a donde estás ahora mismo? ¿Qué proyectos te han marcado mas hasta ahora?

El último año ha sido de un crecimiento muy acelerado, con muchos proyectos interesantes que me han hecho replantearme qué sistemas y estructuras son las más eficientes para comunicar mis ideas. El viaje a Japón ha sido un punto de inflexión importante, que creo entenderé mejor en unos meses.

Algunas ideas que nacieron durante el proceso de Rosa Terráqueo han estado cobrando una vida propia para un proyecto que espero tener listo en los próximos meses. Es una continuación de Rosa Terráqueo y Ahuacatl, pero al mismo tiempo totalmente diferente. Entonces es un proceso muy lento, pero poco a poco va cobrando forma y cuando esté listo muchas cosas de mi trabajo van a tener más sentido.

Empecé también una relación con Parsons School of Design, a través de su Master en Textiles, un programa nuevo y muy innovador, fundado por Lidewij Edelkoort y dirigido por Preeti Gopinath. Como parte del currículo, los estudiantes son asignados con diseñadores y artistas que trabajan con textiles, donde van una vez a la semana como una especie de aprendices. Tuve a lo largo de los últimos nueve meses un grupo de cuatro chicas, con quienes compartí mis técnicas y procesos y sistemas. Para finalizar el tiempo juntas, desarrollaron una serie de elementos textiles utilizando cebollas. Presentaremos el trabajo en agosto en Italia La Guarimba Film Festival y en septiembre en Nueva York durante el New York Textile Month.

 

 

¿Cómo surgió la idea del viaje a Japón?  ¿Qué fue lo que te conectó con el espacio de Yamamoto Seika?

Desde hace mucho tiempo quería ir a Japón. Cuando tenía 10 años, mi papá pasó unos meses allá por trabajo y cuando volvió, con regalitos, fotos, e historias, me causó mucha curiosidad visitar ese lugar tan lejano. A medida que fui creciendo mantuve esta espinita y estaba pendiente de buscar una excusa para ir.

Desde que renuncié a mi trabajo en moda para dedicarme a Fragmentario, trato de que los viajes sean “multipropósito”: un poco de trabajo, un poco de vacaciones y un poco de otras cosas. En este caso, la excusa fue ir a correr la maratón en Tokio. Logré convencer a un amigo, a mi papá y a mi hermano para que también corrieran. Vivimos todos en diferentes países entonces era un buen plan para encontrarnos. ¡Obviamente le pedí a todos que me llevaran agua!

Luego de tener claro que iría en marzo, estuve buscando galerías y espacios a través de amigos japoneses o que viven en Japón y de huecos negros de Internet, donde termino muchas veces. Casi por accidente conseguí este sitio, Yamamoto-Seika, en Osaka. Sentí que era perfecto. Una antigua fábrica de galletas de arroz que no ha sido renovada y que acepta el paso del tiempo. Para mí es muy importante celebrar las imperfecciones que nos hacen humanos, entonces hice un clic inmediato. Les contacté en 2018 explicándoles un poco mi trabajo y mis ideas y proponiéndoles hacer una instalación en su espacio durante el mes de marzo. Casi de inmediato respondieron, y empezamos a planificar. El trabajo de Rosa Terráqueo lo empecé en 2018, pero es un proyecto que continúa, entonces requirió entender qué enfoque le daría allá, para mantener la esencia de Fragmentario y de Yamamoto-Seika.

 

 

Durante el montaje del mismo has tenido que vestir el espacio, madera, tus tejidos, materiales de trabajo… ¿Fue un trabajo mano a mano con la gente de Yamamoto? ¿Te inspiraste en alguna otra actividad previa que se celebrase en el espacio?

Fue un proceso bastante libre. Tuve varios días para explorar el espacio, visualizar un flujo coherente y encontrar elementos a intervenir y/o incluir en la instalación. El primer día de la exhibición, uno de los miembros del colectivo, Yacchan, hizo un set de música de agua. Durante la semana, mientras yo hacía el montaje, él buscaba sonidos acuáticos, entonces tuve una banda sonora muy especial en este tiempo.

Yamamoto-Seika era antiguamente una fábrica, pero también donde vivían los abuelos de Shotaro, uno de los fundadores del proyecto. Entonces había muchos elementos ya existentes que podía incorporar. Pude explorar tranquilamente y probar varias ideas.

El espacio tiene varios cuartos, lo cual me permitió estructurar mis ideas y procesos de una manera que refleja como existen en mi mente: varios cuartos de una misma casa.

 

 

1) Cuarto de Investigación / Proceso:

Con semillas de aguacate, el líquido rosa de la semilla de aguacate, playlists / a h u a c a t l / y Acqua (hechos por mi amiga y colaboradora frecuente cher-ee-lee, quien vive en Madrid), un vídeo del proceso de Rosa Terráqueo y varios libros.

 

2) Cuarto de Textiles:

La mesa y las escaleras de madera que fueron envueltas con mis distintas telas, junto con otros elementos intervenidos también.

 

3) Objetos:

La colección de Rosa Terráqueo y donde hicimos la performance, porque era donde se hacían las galletas y era entonces el corazón del espacio.

 

4) Terraza:

Medias teñidas con semilla de aguacate que he tenido a lo largo de los años y que dejamos al aire libre para ver si cambiaban con la lluvia (algunas cambiaron un poco de color).  

 

¿Hiciste una estructura similar a la de alguna otra presentación que hayas realizado antes? ¿Cómo reaccionó la gente? ¿Era algo nuevo para ellos?

Durante una de las conversaciones con Shotaro, él me propuso que hiciera una performance en lugar de un taller. Una manera de eliminar la barrera del lenguaje.

Desde el año pasado, luego del performance en a/d/o, he estado pensando que este tipo de formato, sin palabras, basado en la intuición, es muy interesante. Cada quien puede hacer sus interpretaciones, a su ritmo y a su manera. Me hizo pensar si podía imaginarme una estructura donde me insertara yo en este mundo. Pero lo pensé como algo que ocurriría a largo plazo.

Cuando Shotaro me hizo esa propuesta, me pareció una coincidencia muy grande y decidí plantear entonces un momento donde yo me introdujera en ese mundo y rebotar ideas con ellos.

La gente reaccionó con mucha curiosidad. Es mi percepción que en Japón tienen una idea de tintes naturales como algo más cotidiano que en EEUU y en Europa. En general sentí que los japoneses (e incluso los extranjeros que eligen Japón), tienen una visión fluida de distintas realidades. Hoy en día, siento que en Norte América y partes de Europa se hacen compartimientos para #sustainability y #wellness como algo separado de la vida #normal. En Japón sentí que percibían las realidades integradas entre sí, lo cual fue increíblemente satisfactorio porque mi visión de mi trabajo es que une muchísimas intersecciones que no son realmente divisibles entre sí.

 

 

¿Cómo fue la vuelta a casa? ¿Qué crees que ha aportado este viaje a Fragmentario? ¿Va a ser relevante para proyectos futuros?

El equipo de Yamamoto-Seika fue increíblemente generoso, no solo en su apoyo preparando el evento, sino compartiendo perspectivas y opiniones sobre mi trabajo y dándome confianza para estar más abierta a otras maneras de comunicar mis ideas. Durante las semanas que estuve allá, compartieron conmigo varios artistas y movimientos que tenían algo en común con mi trabajo. Incluso recomendaciones de libros. Me dieron tarea mental, en un momento en el que más que seguir haciendo más y más y más, me toca enfocarme en comunicar qué he estado haciendo y por qué. Darle un poco de estructura a mi trabajo.

Desde que volví, esta conversación ha continuado, mandándonos constantemente ideas y contextos. He tratado de desacelerar mi ritmo, que ha sido sumamente frenético en los últimos tres años. No lo he logrado del todo, pero sí he dado pasos importantes que me han obligado a ir más despacio y a reconsiderar mis ideas y qué puedo hacer y qué no. Tengo un chiste recurrente desde que volví de que estoy pasando por una crisis de identidad: he cambiado mi rutina de ejercicio, empecé a tomar una clase de literatura y he estado explorando mis materiales cotidianos, con un enfoque que a la vista es diferente, pero que responde a la esencia de los proyectos anteriores. Estos cambios ya venían encaminados, pero creo que estar al otro lado del mundo, con personas nuevas, aceleró este proceso. Lo estoy disfrutando y estoy muy emocionada del momento en que pueda compartir los frutos de este momento.

Fotografía: María Elena Pombo
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