El rapado de la mujer: del castigo a la liberación femenina

Publicado por el 07/11/2019
Credit: Paula Rodríguez

 

Undercut es el término al que se refieren algunos peluqueros profesionales para referirse al rapado femenino, pero me pregunto, ¿se puede considerar meramente un simple corte de pelo el que la mujer decida despojarse de su cabello?

Conforme se ha ido sucediendo la historia, queda claro que nunca fue así; nunca fue un simple corte de pelo, algo que se reduzca a una estética o una moda. Para las mujeres egipcias era una herramienta para combatir las altas temperaturas y tener una mejor higiene, ya que en aquella época los piojos e infecciones eran casi igual de abundantes que el agua del Nilo. Pero el estilo de cabello o peluca no determinaba para ellos el género masculino o femenino, determinaba la edad o el grupo social al que pertenecían. Lo sorprendente es que aunque se rapasen, no renunciaban al componente estético del cabello, ya que usaban pelucas desde las primeras dinastías.

Dicho de forma simple, para ciertas mujer egipcias el no tener cabello era casi una bendición, lo que algunos miles de años más tarde se convertiría en una forma de castigo (si no lo fue desde mucho antes en algunas zonas del globo). En Asiria, una región al norte de la antigua Mesopotamia, los hombres ya castigaban a sus mujeres cortándoles el pelo, como muestra de deshonra y vergüenza. De aquí en adelante, el que un hombre te rapase la cabeza o te cortase el pelo era un mecanismo de sumisión de la mujer, una muestra de poder y castigo bien visible que prácticamente no se podía esconder. Una marca del patriarcado y la religión.

 

“Para ciertas mujer egipcias el no tener cabello era casi una bendición, lo que algunos miles de años más tarde se convertiría en una forma de castigo”.

 

Hablar únicamente del rapado de la mujer como forma de castigo durante la Edad Media –que en esa época, algunas religiosas se afligían a ellas mismas–, es quedarse muy corta. Todos tenemos conciencia de que durante la Edad Media y períodos en adelante, bajo la acusación de herejía, brujería, conspiración o adulterio; por el mero hecho de ser mujer, fueron brutalmente humilladas, asesinadas y torturadas millones de mujeres alrededor del mundo.

Este hecho se expandió a lo largo de los siglos, incluso bien entrado el s.XX, en el que rapar a mujeres acusadas de fraternizar con el bando enemigo era un acto recurrente de castigo y humillación (además de asesinar a una gran mayoría). Alrededor de 40.000 mujeres francesas, denominadas por la historia como ‘Les Tondues’, después de la desocupación de Francia fueron acusadas “a dedo” por ciudadanos anónimos por servir en casas de alemanes, como las institutrices y costureras. Todas ellas mujeres, en su mayoría de clase trabajadora, que habían fraternizado con el bando enemigo, incluso por haber reído con ellos. Se habla de justicia social, e incluso se utilizan palabras horrendas dirigidas a todas esas mujeres bajo acusaciones que podían ser tan ciertas como falsas, ya que no se realizó ningún juicio para determinarlo con claridad. Una vez vencido el ejército alemán, también se raparon cabezas por esos mismos “motivos” en Bélgica, Italia, Países Bajos y Dinamarca.

 

“Este hecho se expandió a lo largo de los siglos, incluso bien entrado el s.XX, en el que rapar a mujeres acusadas de fraternizar con el bando enemigo era un acto recurrente de castigo y humillación”.

 

Este fenómeno se dio con anterioridad: después de la Guerra Civil española se rapaban mujeres que simplemente habían pertenecido al bando republicano o tenían parientes que lo fuesen, especialmente mujeres solteras. Pero si hablamos del rapado femenino en la historia, es preciso mencionar y recordar a las mujeres judías en los campos de concentración, así como hombres y niños/as.

 

Credit: Paula Rodríguez

 

Quien pensaba que leer sobre el rapado de la mujer a lo largo de la historia sería algo placentero e inspirador, estaba muy equivocada/o. Pero, como siempre se dice, los tiempos cambian. Y han cambiado a lo que respecta el empoderamiento de la mujer, el sentirse dueñas de su cuerpo y consciencia; lo suficientemente dueñas como para romper con el comportamiento de los géneros que el patriarcado había esculpido en la mentalidad de toda persona. Me refiero al movimiento punk, que rompió con la feminidad establecida y, además de eso, normalizó el concepto de “fealdad” de la mujer. Muchas mujeres así lo reivindicaron, con su pelo, vestimenta, maquillaje, música, comportamiento o filosofía. Aunque aún sea notorio el desconocimiento sobre lo que la mujer significó para el punk –y viceversa–, es fundamental para explicar y entender lo que les precedió. Se dieron voz a sí mismas y se las escuchó bien fuerte.

 

 

Así como se escuchó a Grace Jones. Ser ella misma inspiró y causó furor durante toda una época por su estilo y aspecto andrógino que, junto el fotógrafo Jean-Paul Goude, sacó a relucir en el inicio de su carrera como modelo. En varias entrevistas realizadas a lo largo de los años, hay una pregunta recurrente, y es sobre su corte de pelo, a lo que Grace contesta de forma distinta en cada entrevista: “El look capilar es porque tengo un cabello muy rizado. Peinarlo era muy doloroso, así que en cuanto pude, me lo corté”.

¿Quedaríais decepcionados/as si lo hizo por comodidad? Yo no lo estaría tanto, porque lo hizo por su propia voluntad, tuvo el poder de elegir. Más tarde, en sus memorias ‘I’ll never write my memoirs’, publicadas en 2015, confesó: “mi cabeza rapada me hacía tener un look más abstracto, menos ligado a una raza, a un sexo o a una tribu determinados. Yo era negra, pero no lo era; era mujer, pero no lo era; era norteamericana, pero también jamaicano-africana; era como ciencia ficción’’.

Raparse el pelo le sirvió, ya fuese para reivindicar cómo se sentía con ella misma o para trabajar su imagen, que posteriormente explotaría como modelo, cantante o actriz. Por diferentes motivos, todos igual de legítimos. Así como Grace, Cara Delevigne, Jessie J, la cantante y actriz Rose McGowan, las activistas Emma González –una de las voces que lucha para la reforma sobre el uso de las armas en EEUU– y Tessa Asplund, entre muchas otras mujeres conocidas y anónimas, lucen el rapado porque así lo desean.

 

“Najwa afirma que el cabello es el reflejo del estado mental, y la persona que mejor representa esa relación es Britney Spears en 2007”.

 

A lo largo de los años, en la industria del entretenimiento también hemos visto actrices rapadas por exigencias del guión, por motivos diferentes. Por ejemplo, Natalie Portman en ‘V de Vendetta’, a la que raparon a modo de tortura o, Charlize Theron en ‘Mad Max’, como símbolo de poder y rebelión. En el cine español; Blanca Portillo para Pedro Almodovar en ‘Volver’, Ingrid Rubio para ‘Taxi’ o Najwa Nimri en ‘Salto al vacío’.

 

 

Najwa afirma que el cabello es el reflejo del estado mental, y la persona que mejor representa esa relación es Britney Spears en 2007. Muy abrumada por el acoso constante de los medios de comunicación, y después de salir recientemente de una clínica de rehabilitación, una noche fría de febrero Britney se dirigió a una peluquería de Los Ángeles para que le raparan el pelo. La peluquera se negó y ella misma hizo los honores.

Excepto sus fans, nadie se preocupó del verdadero motivo de este acontecimiento, hasta que doce años más tarde, se estrena en una cadena de televisión inglesa el documental ‘Britney Spears: Breaking Point’, largometraje que parece arrojar un poco de luz al asunto. El documental recoge un testimonio que preguntó abiertamente a Britney, esa misma noche, el porqué de la rapada. La cantante le explicó que se rapó porque simplemente estaba harta de que le tocaran la cabeza y el pelo, que estaba harta. Menos mal que la tomó con el cabello y no con otra cosa, además de los paparazzi.

Me gustaría resaltar el giro radical que ha tenido el rapado de la mujer a lo largo de los años, cómo ha pasado de ser un instrumento de represión y sumisión a uno de afirmación del propio sujeto. Sea lo que sea que se quiera decir. Nosotras, las mujeres, hemos cambiado la oscura herencia de este acto por uno con mucha más luz y, ¿esperanza de un mundo mejor?.

 

 

Este texto ha partido de la premisa de analizar el rapado de la mujer a partir de hechos y ejemplos históricos, que a su vez pretende poner en cuestión la visión colonialista a través de la cual he hablado. Por eso quiero destacarlo y abrir la pregunta sobre qué visilibiliza e invisibiliza esta forma de narrar la historia.

Texto: Paula Rodríguez
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