Charlamos con Fátima de Juan

Publicado por el 12/07/2019

 

Fátima de Juan siempre ha creído en la valentía de esas mujeres fuertes, salvajes, que rebosan feminidad y se alimentan de espontaneidad. Mujeres que florecen en los escenarios tropicales de su trabajo como brujas guerreras con rasgos y garras exagerados, y grandes brazos musculosos. Mujeres que brillan por sí solas y que del 10 hasta el 28 de julio podemos encontrar en la galería MISCELANEA de Barcelona, donde se expondrá ‘Tropical Mantra‘.

En esta exhibición, ilustraciones en acrílico y guanche y un mural nos cuentan la historia de una vuelta a lo primitivo, protagonizada por una mujer chamana y su serpiente. Allí, en la jungla, colores vibrantes y movimentos ondulatorios nos incitan a danzar con nuestra serpiente interna. Un baile que de pronto se convierte en lucha. Una lucha atemporal, intrínseca al ser femenino, que no pertenece a ningún tiempo.

Mujer y serpiente se presentan, una y otra vez, como un símbolo de la dualidad. Luz y sobra, antídoto y veneno, vida y muerte se enroscan en una espiral de regeneración ancestral infinita. Mudar de piel y morir una y mil veces, para volver a Ser.

Fátima de Juan nace en Mallorca en 1984. Desde muy joven utiliza el espacio urbano como soporte creativo, pintando graffiti bajo el nombre de Xena. Autodidacta y polifacética, crea su propio lenguaje estético y conceptual, que bebe del estilo de los escritores neoyorquinos de la década de los setenta, el cómic, el arte naïf y de artistas europeos más actuales. En los últimos años ha realizado intervenciones en gran formato en Berlín, Madrid, Cuba y Canadá, entre otros.

 

 

Hola Fátima, háblanos un poco de ti.

¡Hola! Soy diseñadora, estudié diseño gráfico, y pinto graffiti desde hace muchos años.

 

¿Cuándo empezaste exactamente y qué te enganchó al graffiti?

Empecé siendo una niña. La verdad es que siempre me fascinó la capacidad de hacer algo en dimensiones súper grandes, que estuviera en la calle y que pudiera disfrutarlo gente random que pasara por allí. Desde pequeña siempre pensé que de mayor quería hacer eso, y me motivé.

 

Hace unos días presentaste ‘Tropical Mantra’ en MISCELANEA, un proyecto previamente expuesto en La Havana, Cuba. ¿Puedes contarnos algo sobre ese proyecto?

‘Tropical Mantra’ empezó con una propuesta de exposición en La Havana. Por eso está hecho en papel, porque me lo llevé un poco de strangis en la maleta (risas). Realmente Cuba es un sitio que siempre me ha fascinado y, de alguna manera, ese fue un viaje hacia las raíces. Por eso me relacioné con el tema de la mujer-serpiente, presentando una analogía entre ellas. Mujer y serpiente siempre han sido asociadas al pecado por la tradición cristiana. Pero antiguamente la serpiente ha sido también un símbolo femenino asociado a las fases de la luna, a la regeneración, los ciclos; un símbolo sagrado muy ligado a la mujer y su poder. La intención ha sido, por un lado, la de recuperar ese poder y conectar con la propia serpiente interior. La serpiente también se anuda en círculos, y el proyecto se llama ‘Tropical Mantra’ porque a final trata de una repetición. Es un poco un trance entre el consciente y el inconsciente que te permite conectar con tu mujer ancestral. Así que, por otro lado, mi intención en ese proyecto ha sido también la de recuperar esa fuerza ancestral perdida que te conecta con la naturaleza, con tus ciclos y con tu esencia real.

 

 

Entonces, la serpiente en tu trabajo no lleva consigo una acepción negativa.

No. Es un poco como cuando trabajo con la imagen de la bruja: trato de quitarle ese estigma maligno que más bien es un estigma social. En la India, como en otras culturas, por ejemplo, la serpiente está presente en su tradición cultural como algo bueno. Es un símbolo de fertilidad, adoran una cobra si quieren tener un niño. Así que representa más el poder, y no la maldad. Lo mismo pasa con el tema de la bruja.

 

Colores, formas, trazos… todo en tu obra emana una vibrante y potente energía femenina. ¿Cómo ha ido evolucionando tu estilo?

Ha evolucionado un poco con la técnica y las posibilidades. Por eso yo creo que es muy importante que a los artistas se nos presenten diferentes retos, exposiciones, y murales de dimensiones enormes. Eso te da la posibilidad de ir cambiando dependiendo de la técnica del proyecto. Con los años también te vas dando más libertad para hacer lo que quieres de verdad. En principio, lo que haces está muy coartado, porque estás pensando en lo que esperan los demás de ti. Pero a final acabas entendiendo que el compromiso lo tienes contigo mismo, no con los demás.

 

En particular, ¿que relación has tenido con los colores en este proyecto?

El hecho de que la gama de colores sea en este caso más reducida se debe a la intención de representar todo de una forma más básica y primitiva, y a la vez más impactante. Quitar un poco la parafernalia para que se quede la esencia.

 

Así que tus mujeres rompen con el estereotipo que aísla feminidad y fuerza.

Esa ha sido siempre una de mis intenciones. Para mí, fuerza y feminidad siempre han venido unidas. De hecho la debilidad no la uno con la feminidad, pero supongo que la sociedad sí que lo hace.

 

 

Volviendo al tema del graffiti, ¿cuál es tu experiencia en ese mundo? Y, en particular, ¿cuál crees que es el rol de la mujer en el graffiti hoy en día y cómo ha ido cambiando desde que empezaste?

Soy de Mallorca, es un sitio súper pequeño y la escena local es también súper pequeña. Cuando erámos niñas, yo y mi hermana no tuvimos muchas referencias de mujeres que pintaban graffiti y, de alguna manera, hemos crecido con ese paradigma, y también con la responsabilidad, de ser un poco referentes. Las mujeres que aparecían siempre estaban condicionadas por sus parejas, o estaban allí de paso. Ahora sí se empieza a ver una escena de mujeres potentes que pintan y que pintan con sus propias reglas, no con las reglas que les ha impuesto la sociedad. Eso es muy importante.

 

Sin generalizar, parte del mundo del graffiti aún parece quedarse anclado a una postura machista, sobre todo por lo que se observa en algunas fotos.

Evidentemente en el graffiti el machismo está presente y estará presente por muchos años, básicamente porque la mayor parte de la gente que pinta son hombres.

 

Y ¿no crees que también algunas chicas sostienen de alguna forma esa visión?

Por supuesto, detrás del machismo y del patriarcado hay muchísimas mujeres que lo apoyan, y todos los días. De alguna forma se sienten mas cómodas en esa posición que asumiendo una posición combativa y anti-sistema. Porque el sistema es ese, y siendo mujer es muy fácil aprovechar esa posición y subir tu culo a Instagram antes que subir una pieza de graffiti que deje a bocas a todo el mundo. Entonces, es muy fácil pecar en ese sentido porque tienes un gancho muy fácil. Mientras que si luchas en el otro bando, es bastante más complicado. En la redes se ha explotado sexualmente a las mujeres, se las ha cosificado, por lo que me decías tú. Culos con graffitis, trenes… yo lo que veo es que hay una tendencia a que sea la propia mujer la que se cosifique a sí misma, y que mercantilice su cuerpo, sin llegar a entender que el consumidor final es el mismo: los hombres. Así que hay un punto que se confunde con empoderamiento y libertad, y se olvida que el tiburón, el que se come la carne, es el mismo. Pero ahora dan visibilidad a eso. Las que estamos allí en la cueva trabajando en algo no tenemos esa visibilidad y focus. Así a final acabas cayendo en otro cliché y, para mí, un falso feminismo, totalmente.

 

 

Eso. Es evidente que, antes que nada, cada una tiene que preservar su propia libertad. Pero la cuestión es no caer en los clichés que, por un lado u otro, se les imponen, y sobre todo asumir una responsabilidad que depende del ámbito y del contexto.

Claro, supuestamente cada una tiene que hacer con su propio cuerpo lo que quiera. Pero ese es el tema, hay que darse cuenta del contexto. Muchas veces hay polémica porque cuando nos hacen un reportaje en los eventos en los que las chicas pintamos, siempre acaban buscando la foto de la chica guapa que pinta, que se le vea la rallita del culo, y no buscan que su graffiti tenga calidad. Por eso, lo que hacemos muchas veces las chicas, es intentar no ponerle cara a la cámara, para que eso no condicione nuestro trabajo. Nosotras hemos pintado en eventos donde en las fotos no salieron nuestros graffitis sino nuestras caras, en plan “¡Que chicas más guapas! ¡Y sus amiguitas!” No. Yo a los escritores de graffiti y a los artistas que respeto no sé ni que cara tienen, y no me importa. Y ese es el punto, lo mismo tendría que valer para las chicas, pero a final el aspecto físico acaba condicionándote. Aún más si lo estás vendiendo en un escaparate como es Instagram, donde opina todo el mundo, no un curator de arte o un experto. Opina la masa, y la masa al final acaba cayendo en el fast food.

 

El mismo fenómeno parece que haya inundado de igual forma el mundo del arte en general.

Sí. Y eso pasa porque hay gente que se arrima al arte por estatus, y poco le importa de la obra del artista, la trayectoria en sí y el proceso. Todo se queda en una foto de Instagram, y ahora existe la tendencia de consumir las cosas sin conciencia, sin saber de dónde vienen y qué ha llevado a una persona a hacer eso. Es muy fácil coger un referente en Internet, copiarlo, y con que seas guapa y joven, tener un montón de likes. Lo difícil es que tengas una trayectoria y que tu trabajo sea respetable.

 

Entre arte y graffiti, ¿cuáles son tus referentes?

Muchos, desde los graffiteros más clásicos hasta dibujantes como Robert Crumb o Miró. A final es una amalgama de todo lo que me gusta, incluso de los diseñadores de moda. Todo unido y pasado por mi rastreo personal.

 

Para concluir, ¿algo que nunca te hayan preguntado y de lo que te gustaría hablar? Es algo que suelo preguntar. La última vez, Flavita me contestó que a ella nunca le preguntan si se quiere casar.

(Risas) A mí, como a muchas chicas, desgraciadamente me preguntan a menudo si tengo novio, si estoy casada, si tengo hijos, y cómo pienso que podré encajar mi trayectoria artística con una familia. Y nunca me preguntan si me he tirado en paracaídas. ¡Que nunca lo he hecho! Pero no creo que a los chicos le pregunten eso (Risas).

 

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